Ignacio de Juana Aranzana realiza un trabajo muy original, ósmosis entre fotografía y pintura.
Aunque la fotografía es la base de sus trabajos, el uso que el autor hace de las acuarelas y los tintes naturales, transforma las que eran inicialmente fotografías en blanco y negro en verdaderas pinturas. La fotografía y la pintura se manejan con gran sensibilidad y capacidad artística logrando que el resultado tenga un gran poder de seducción.
Con esta combinación de técnicas, el artista transforma la realidad fotográfica en una ensoñación pictórica. Es una forma diferente de ver la realidad. Aun y cuando la modifica cromáticamente, según su gusto personal, continúa percibiéndose la esencia de los lugares que ha visitado, transmitiendo su encanto, belleza y personalidad. Al valor técnico y estético de las fotografías que realiza le suma el tratamiento pictórico que les aporta una mayor calidad y calidez artística.
Es una demostración de cómo lograr un punto de vista único y una perspectiva personal. El mundo que nos rodea visto con otros colores. Una realidad diferente.
<< El coloreado a mano de fotografías es tan viejo como la propia fotografía. Los delicados daguerrotipos y después ambrotipos y fotografías en papel, eran usualmente pintados a mano para darles una apariencia más realista cuando aún no existía la fotografía en color. Sin embargo, este proceso que se denominaba “fotografía iluminada”, se utilizó hasta avanzada la década del ’70, en particular en estudios de barrio, conviviendo por bastante tiempo con la fotografía en papel color. Algo más elaborados eran los “óleos”, donde también a partir de una copia fotográfica, se cubría toda la imagen precisamente con pintura al óleo.
Sustancialmente diferente es el coloreado a mano que hacen los artistas plásticos y algunos fotógrafos, para agregarle a la imagen una poética o calidad emocional diferente, siguiendo quizá el principio enunciado por Vasili Kandinski de que los colores “son vibraciones del espíritu”.
Teresa Airey, una fotógrafa artística norteamericana, escribió que “el coloreado a mano no convierte una mala copia en buena, ni suple la carencia de tonos o la mala composición de la imagen”. Agrega que “se entiende que es un instrumento supletorio capaz de añadir dimensión a la imagen” y que por lo tanto “en un sentido muy real, el coloreado a mano permite al fotógrafo rehacer emocionalmente la fotografía y poner esos sentimientos en el papel”.
Al margen de cualquier discusión de tipo académico respecto a si la fotografía coloreada a mano es o no es fotografía, constituye una posibilidad de expresión nada desdeñable. >>
A.Becquer Casaballe ([-]om )
El autor
Ignacio de Juana, nació en Madrid en 1963
Ha desarrollado su carrera profesional en Agencias de Publicidad y de Organización de Eventos.
Desde hace años viene realizando fotografías en blanco y negro que luego colorea a mano, con acuarelas y tintes naturales. Ha expuesto su trabajo en distintas ocasiones en Madrid y Mykonos (Grecia), destacando la exposición que realizó en Madrid en la sala de exposiciones de la librería "de Viaje", con el patrocinio de la oficina Turismo de Grecia.